Recuerdo haber leído en mi adolescencia numerosas historias de caballeros. Solían cabalgar en lomos de briosos alazanes durante sus contiendas. Lamentablemente, hay un poco de confusión con respecto a este vocablo:
“Desde entonces, el ogro de Barcinona va purgando sus culpas montado en un negro alazán”. Cita original.
“Sobre un bellísimo alazán blanco de soberbio cuerpo, fina estampa, y delgadas, no obstante musculosas patas […]”. Cita original.
“Juro, que me había hecho hincha de un alazán blanco con pintitas negras”. Cita original.
“Los príncipes azules de los cuentos de hadas visten por cierto de azul y cabalgan en un alazán blanco”. Cita original.
“Estaba en un balcón cuando don Simón, montado sobre un alazán blanco, pasó debajo de él”. Cita original.Contrario a lo que, obviamente, piensan algunos, el vocablo alazán no es sinónimo de “caballo, corcel, potro, rocín, jamelgo” sino un color “más o menos rojo, o muy parecido al de la canela”. Este tono varía y puede ser “alazán pálido o lavado, claro, dorado o anaranjado, vinoso, tostado, etc”. También, como adjetivo: “dicho especialmente de un caballo o de una yegua: que tiene el pelo alazán”.
Por tanto, aunque los colores pueden combinarse en un caballo, no digo que no –puede haber un corcel de capa (pelaje) blanco-overo-alazán o negro-castaño-alazán, lo cual significa que cada uno posee estos tres colores–, este término sólo puede usarse para denotar a un rocín con este color de pelaje: no existe ninguna posibilidad de que nuestro príncipe azul aparezca montado sobre un blanco alazán.

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