Llevé hace unos días a mi tía al hospital y estuvo a punto de ser intervenida quirúrgicamente a causa de una confusión:
-Doctor, venimos porque ella lleva varios días constipada y ahora, además, ha tenido fiebre.
-¿Cuántos días de constipación?
-Bueno…, aproximadamente una semana.
Acto seguido la mandó a acostarse en la camilla y, para mi sorpresa, en vez de auscultarla comenzó a palparle el vientre.
-¡Pero, doctor, qué hace?
¿Qué provocó este malentendido?: El ruido en la comunicación proveniente del uso de una jerga médica cada vez más afectada por los anglicismos.
El término
constipado pertenece a un grupo de anglicismos muy perjudiciales, porque tal parece que son puro español cuando, en realidad, están deformando o cambiando significados ya existentes.
Constipado es un anglicismo de repetición. Significa que, por ser homólogo del término en inglés (
constipation), se le da el mismo uso y con igual frecuencia. Pero si bien uno de los significados de
constipation se refiere a “la afección de los intestinos que provoca dificultad al defecar” (“
condition in which evacuation of the bowels is difficult and does not occur regularly”), es decir, estreñimiento -que, por cierto, era lo que dicho doctor creía que mi tía padecía-, en español solemos estar constipados cuando padecemos un catarro o refriado.
La
constipación de vientre, así, en esos términos, es la que comparte el sentido del vocablo anglosajón, pero no es de uso frecuente entre los hispanohablantes.
Las tecnologías, Internet, la bibliografía especializada extranjera han ido introduciendo vocablos en nuestro idioma para nombrar las nuevas realidades y muchos de ellos ya han sido aceptados por la Academia. Pero –siempre hay un pero–, también hemos asumido significados y palabra que ya existen en nuestra lengua según el uso foráneo, como en este caso.
No desapruebo la evolución del lenguaje, porque sería una ignorancia mayúscula, pero sí creo, profundamente, que nuestro idioma debe crecer desde él mismo.