lunes, 2 de noviembre de 2009

Erratas comunes: prejuicio-perjuicio

Reconozco mi mirada prejuiciada cada vez que me sumerjo en la red de redes, y aunque desearía ver defraudada esta aprensión, sigo encontrando esos textos que deberían ser demandados por daños y perjuicios al idioma español:

“Supermercado Santa Isabel - Indemnizacion Por Daños Y Prejuicios”. Cita original 
“PARLACEN PODRÍA DEMANDAR A PANAMÁ POR DAÑOS Y PREJUICIOS”. Cita original aquí y aquí 
“Serie: Damages (Daños y prejuicios), Temporada 2”. Cita original

Prejuicio: “acción y efecto de prejuzgar”, “opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal”, no guarda relación alguna con el sentido de daño y detrimento que se le da en los ejemplos anteriores donde lo correcto hubiera sido emplear el término –parónimo– perjuicio.

Perjuicio, del latín praeiudicium, “efecto de perjudicar”, es el sustantivo que debe ser usado cuando queremos referirnos al daño, detrimento, menoscabo, pérdida, estrago, percance… del cual ha sido objeto alguien o algo y no debe confundirse con prejuicio, voz que se refiere al juicio previo o idea preconcebida que poseemos con respecto a determinado sujeto o hecho.

Debe decirse: “daños y perjuicios” y NUNCA: “daños y prejuicios”.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Erratas famosas

Surfeaba por Internet y me topé con este delicioso artículo. Lo traslado íntegro porque me parece necesario  y divertido a la vez.


José Prats Sariol



El temor a la errata es la única inmoralidad que puede cometer un escritor que escriba con libertad y libertinaje

(Ramón Gómez de la Serna)




Me encanta una aparecida en el siglo XIX, en El Nuevo Regañón. La afirmación debía decir: “Un oído delicado es imprescindible a todo buen poeta”. Y apareció: “Un odio delicado es imprescindible a todo buen poeta”. Cuando José Lezama Lima me la mostró en la antigua Sociedad Económica de Amigos del País, se limitó a comentar —asma risueña— que el ángel de la jiribilla y no la desidia de un tipógrafo, había colocado la frase en su sitio exacto.
Pero no todas las célebres erratas cubanas tienen una ligera carga de perfidia. Hay boleros de más ponzoña. Un testigo de ritmo sistáltico me contó que cuando Manuel Altolaguirre editó en su transterrada La Verónica un cuaderno de Emilio Ballagas, había un verso que decía: “siento un fuego atroz que me devora”. La picardía andaluza lo volteó a “siento un fuego atrás que me devora”. Y el escándalo, en la pudibunda sociedad habanera de la época, obligó al grave poeta —profundo lector de Luis Cernuda— a echar en la bahía los ejemplares que logró salvar de las librerías viperinas, embriagadas con la alusión.
Una de aparente equívoco implicó a una pianista cuyo nombre prefiero no aterrizar aquí. Apenas hubiese trascendido, pues sólo era una be por ge, pero obtuvo aquiescencias entre los hombres que lo apreciábamos: “Su buen busto armó un programa delicioso”. Y despertó curiosas solturas de la imaginación entre los que nunca habían tenido la oportunidad de conocer el programa, cuyas delicias al teclado parecían a veces mozartianas, a veces un tropical homenaje a Il piacere de Antonio Vivaldi. Años después descubrimos que el autor había sido un antiguo adicto, feroz musicólogo que mitigaba sus nostalgias en un dodecafónico busto sin gusto.
Recuerdo que en el Madrid de 1995, mientras realizaba una investigación en la Biblioteca Nacional, solía coincidir con un alicantino que las coleccionaba. Mientras degustábamos los tres platos en el comedor del sótano, ya en el postre, me lanzaba sus dardos a los ojos, con la vista en mi risa. Algunas aún las tengo. Poco después descubrí que la de Max Aub, en Crímenes ejemplares, estaba entre las más famosas: Errata. “Donde dice: / La maté porque era mía. / Debe decir: / La maté porque no era mía”. Menos literaria, pero tan sacrílega fue la de “La Putísima Concepción”, donde la pureza parece que pernoctaba fuera de casa. De esas rápidas está la de “Necesito mecanógrafa con ingles”, que olvidaba el inglés de Ezra Pound. “La Dama de las Camellas” y “La esposa que dirigía al marido miradas de apasionada ternera”, mantienen abierto el potrero…
Oí o leí que eran tantas las erratas que cometían en una imprenta nicaragüense, que un poeta incluyó en el machón la siguiente solicitud: “Erratas a juicio del lector”. Aunque el record parece en poder nada menos que de la Suma teológica, pues su fe de erratas ─en la edición del dominico F. García en 1578─ logró ocupar ciento once páginas, algo que nos deja anonadados, palabra que alude filológicamente a un ano ahogándose.
¿Alguna vez padeció Maqroll el Gaviero ─que el gran Álvaro Mutis hizo célebre─ que le anotaran un huracán caribeño en su libro de Pitágoras?¿Será absolutamente cierto que a una errata debemos el Fondo de Cultura Económica, pues debió llamarse Fondo de Cultura Ecuménica?  ¿A cuál ensayista mexicano pertenece la del “joven crudito” por erudito? ¿No dice el antiguo diccionario Espasa ─como refiere Pío Baroja─ La feria de los desiertos cuando la obra se llama La feria de los discretos? ¿Quién sustituyó “la orgullosa tinta” que alababa a un político venezolano por “la orgullosa tonta”? ¿Cuál actriz de Almodóvar se levantó una mañana barcelonesa no con el ceño, sino con el coño fruncido?
De la saña erratibunda no se libra ni el mandarín, quizás como forma de lucha contra la desgana y la rutina, aunque en algunos académicos la cacería se vuelva pedante confesión de impotencia artística, síndrome de referencista hirsuto. Frente a ellos se sabe, por ejemplo, que Joyce jugó con erratas y homónimos, mitigó sus dolores de muela y sus clases de inglés a señoritas de Zürich con los equívocos que su condición de poligloto le propiciaba.
El italiano exhibe esta delicia en una edición de De los sepulcros de Ugo Foscolo. Los versos debían decir: Sol chi nos lascia ereditá d’afetti, / poca gioia ha nell’urna: Resultó que trasladaron la coma de lugar: Sol chi nos lascia ereditá, d’affetti / poca gioia ha nell’urna. Y el resultado afirma que solamente quien no deja herencia, de afectos tiene escasa satisfacción en la tumba. En francés se recoge que tras la muerte de un banquero el diario apuntaba que “Francia acababa de perder a un inútil”, es decir, escribieron homme de rien por homme de bien. En Londres es célebre este ligero cambio: God save the Queen por God shave the Queen, aunque nunca se aclaró si la reina gustaba de que Dios la afeitara con navaja o con Gillette.
Ninguna lengua está exenta de nuestras pertinaces amigas, ni de las bromas que propician. Voltaire cometió una con Juan Francisco Boyer, que había sido obispo de Mirepoix, y firmaba l’anc. Evèque de Mirepoix. El malévolo escritor cambió anc (ex) por ane, y así quedó como “el asno obispo”.  Una tarde en un café de la Rue Rivolí me contaron que una nota sobre el estado de salud de Jerónimo Napoleón, rey de Westfalia, alteró mieux por vieux, y decía: “El estado del augusto enfermo ha mejorado durante la noche. A la hora de entrar el diario en máquina el viejo persiste”.
Mark Twain advertía del peligro en un libro de medicina, pues “podemos morir por culpa de una errata”. Pero ningún genuino humorista ─y el novelista de Missouri era uno de ellos─, puede odiar deslices verbales y yerros impresos. Alguien consciente de que lo fatal es tomarse demasiado en serio, hasta ríe cuando la encuentra en uno de sus escritos. No parece casual que hombres de temple trágico como Proudhon se ganaran el pan como correctores modélicos… Tampoco que las nuevas técnicas de impresión computarizada hayan estropeado la tradición que unía al autor con el editor y el corrector.
El argentino José Fontana cuenta en El gráfico moderno: “Cada casa impresora de libros disponía de un corrector y un editor. Este último estaba encargado ─además de asesorar al corrector─ de la previa revisión general, gramatical y ortográfica de las pruebas, aunque el verdadero responsable de todos esos detalles era el corrector, a quien se escogía entre los literatos más capaces y conocidos. El corrector era, pues, el hombre de confianza y la ayuda más valiosa del autor. Muchas obras deben en parte su celebridad al hecho de haber sido corregidas por ilustres correctores, cuyo amplio y variado saber contribuía al renombre de las imprentas a que pertenecían”.
Con nostalgia recordaba Eliseo Diego la imprenta de Ucar García y Compañía en La Habana Vieja de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo. Cada una de nuestras ciudades relevantes tenía un sitio similar, donde frecuentaban los más notables escritores y artistas, donde el olor de la tinta y el ruido de las linotipias acrecentaban las tertulias, mientras el autor agraciado con las pruebas de agua añadía el puntico a una jota o el prefijo a olvidado ante histórico; mientras pedía silencio y escudriñaba una construcción macarrónica o tenía el coraje de suprimir un párrafo endeble. Y aun así, al final, las erritas agridulces le regalaban un anacrónico período augustiniano por agustiniano, el fantasma de un sustantivo jamás escrito, un salto de línea digno de las olimpiadas de invierno o al tenaz y travieso Alejandro El Glande
Entre las más famosas diatribas contra las chifladas que liban y pierden el rumbo, está la del esperpéntico madrileño Ramón Gómez de la Serna. Su artículo “Fe de erratas”, como se esperaba siempre de él, fue una hiperbólica resignación. Y mantiene “metáforas con humor”, greguerías.  Dice: “La errata es un microbio de origen desconocido y de picadura irreparable. Quizás Dios no sólo dijo a la mujer: ‘Parirás con el dolor de tu vientre’, y al hombre que ganaría el pan con el sudor de su frente, sino que añadió, suponiendo al intelectual que no suda: ‘Y tú, hombre, sufrirás cuando seas intelectual, la mordedura atroz de las erratas’”. Sigue un párrafo de mansedumbre atemporal, poscibernético: “Así sucede que después de que hemos corregido segundas, terceras y cuartas ‘pruebas’; después que nos hemos cansado de poner ¡¡OJO!! ¡¡OJO!! Al margen de las correcciones difíciles; después de que hemos leído el primer pliego salido de la máquina y hasta la hemos mandado parar para que corrigieran las últimas erratas, sin embargo, a la postre, hay erratas aún. (…) he deducido que la errata es un microbio independiente a la higiene del escritor y del cajista. La errata que tiene vida y sagacidad propia se disimula detrás de una supuesta corrección y no saca sus tentáculos sino después de implantada la forma en la máquina, o si aún ahí se la persigue, espera a que vayan tirados los cien primeros ejemplares correctos para brotar después”.
Después sugiere que desaparezcan las fe de erratas, “con permiso de la Academia”, pues “demuestran un espíritu timorato y en medio de todo, sobrecogido de miedo a los otros”. Finaliza proclamando nuestra indefensión: “La errata es inextricable. Matamos la plaga, pero quedan las nuevas: la errata está adherida al fondo de las cajas…, y en vano el fuelle de las imprentas sopla los días de limpieza en los cajetines de la caja para aventar el polvo y las erratas. (…) La errata es inextirpable, quizás más que nada, porque representa la mala intención de que está llena la naturaleza y la envidia insana que la posee. El temor a la errata es la única inmoralidad que puede cometer un escritor que escriba con libertad y libertinaje”.
No es casual que José Esteban termine su ameno Vituperio (y algún elogio) de la errata con el libelo de Gómez de la Serna. Y es que las casi siempre ingeniosas erratas que allí cita, merecen culminar en el artículo del prolífico nihilista. La labor de Esteban enriquece una persecución que tiene antecedentes tan notables en perseguidores —Cortázar las cazaba en su prolijas anotaciones al margen de los libros— de la talla de Julio Casares o del argentino Pescatore di Perle que escribiera la Antología del disparate, del cubano José Zacarías Tallet y su Gazapos o de tantos aficionados como Juan José Arreola, que en el puto punto quizá padecemos de un seudo —o sado— masoquismo.
En el Vituperio aparece una bien agridulce: “Al emplear el aparato de mi invención  para pecar a distintas profundidades, conviene poner un termómetro en el punto de amarse” (Por pescar y amarre). El doble sentido ha dado no pocos gustazos, equívocos punzantes, erratas o erradas dignas de un soneto de Quevedo. En las encumbradas páginas sociales de El Diario de la Marina, el arrebatado cronista escribió acerca de una católica pareja, cuyo matrimonio reseñaba con una cursilería digna de una compatriota novelista cuyo nombre se me ha perdido: “Prepararon su nido de amor paja a paja”. Aquí la errita bailó —lésbica y cursi— con la anfibología, pues paja en Cuba, como en Andalucía y otras tierras, también significa masturbar… La balada le salió balido al ambiguo gacetillero, como si se adelantara a las paronomasias de Guillermo Cabrera Infante en Tres tristes tigres.
Se sabe que las erritas —cambio que tomo del célebre machón que afirmaba no tener erritas— avispan la picazón en los autores que las reciben. Terminan odiando a los correctores y editores, hasta presentando demandas judiciales ante la plaga que sin piedad desmoronó su texto. Neruda confesó en Para nacer (algún enterado le escribió beber) he nacido: “Mi próximo libro entra y sale de las imprentas sin decidirse a mostrarme la cara. Se ha visto envuelto en la guerra de las erratas. Este es el sangriento campo de batalla en que los libros de poesía comienzan a doler al poeta. Las erratas son caries de los renglones, y duelen en profundidad cuando los versos toman el aire frío de la publicación”.
Y el poeta chileno tuvo suerte. Una vez le cambiaron “el agua verde del idioma” por “el agua verde del idiota”, para que nos dejara este valioso párrafo: “Sentí el mordisco en el alma . Porque para mí, el idioma, el idioma español, es un cauce infinitamente poblado de gotas y sílabas, es una corriente irrefrenable que baja de las cordilleras de Góngora hasta el lenguaje popular de los ciegos que cantan en las esquinas. Pero ese idiota, que sustituye al idioma es como un zapato desarmado en medio de las aguas del río”.
Sin embargo, y con ellas termino, a veces favorecen al texto, como la de odio por oído referida a los poetas. Lo enriquecen, mejoran el original. Hay erratas que Alfonso Reyes consideraba dichosas porque innovaron sus versos. Uno que debería decir: “más adentro de tu frente” se transformó en “mar adentro de tu frente”. Y “De nívea leche y espumosa”, tras el pase mágico quedó: “ De tibia leche y espumosa”. En el mismo artículo “Escritores e impresores” ─incluido en La experiencia literaria─, Reyes elogia otra que le regalaron. En lugar de “La historia, obligada a describir nuevos mundos”, el talentoso tipógrafo le colmó de honduras la frase al sustituir describir por descubrir.
La óptica lúdica ─tema trágico por la absurda abstinencia─ gana nuevos adeptos, capaces de relativizar el error, encarar las pifias y los resbalones como señas divinas de que somos polvo, como forma clave del zen… Tal vez no sepamos bien que la teoría del error es signo crítico en matemáticas y en didáctica, en economía y hasta en geriatría… ¿Hay que citar Contra el método de Feyerabend?  Mejor recordar al doctor Bernard Rieux en La peste de Albert Camus, cuando reflexiona sobre el error como una distinción clave de nuestra especie. Una errita le guiña el ojo, asiente.


Tomado del blog de Emilio Ichikawa 

martes, 27 de octubre de 2009

Errores comunes: acechar-asechar

Los verbos acechar y asechar tienen un mismo origen, el término latino assectari = “perseguir, ir al alcance de alguien”, y su uso fue indistinto por mucho tiempo. Con la evolución semántica del idioma cada uno tomó su propio camino: acechar terminó por significar “observar, aguardar cautelosamente con algún propósito” y asechar se limitó a “poner o armar asechanzas”, es decir “engaños o artificios para hacer daño a alguien”. Como el límite entre ambas voces es muy estrecho, es común el mal empleo de ambas:
“Ardilla al asecho!!!” Cita textual
“Un enemigo al asecho.”Cita textual
“¡Lombrices al asecho!” Cita textual
“IRIS al asecho” Cita textual

Asechar es un verbo de uso restringido, escaso y se inclina fundamentalmente por el empleo del sustantivo asechanzaAcechar, por su parte, ha dado preferencia al sustantivo acecho, y es el que se emplea como locución adverbial en las formas: aldeen acecho: “observando y mirando a escondidas y con cuidado”, que es como debía haberse empleado en los ejemplos anteriores.
Por otra parte, y una aclaración necesaria: la acción de acechar puede ser ejecutada tanto por los humanos como por los animales, mientras que el asechar, por la intención dañina y planificada que implica, es obviamente un acto único y esencialmente humano.

jueves, 22 de octubre de 2009

Erratas comunes: Carabela - Calavera



La Niña, La Pinta y La Santa María son bastante conocidas por todos los habitantes del Nuevo Mundo. Fama adquirida luego de que el Gran Almirante se aventurara, en aquellos tres cascarones de huevo, a enfrentar lo desconocido.

Estas antiguas embarcaciones se denominan carabelas  –con excepción de La Santa María que era una nao–, eran muy ligeras, largas y estrechas, con una sola cubierta –¡menudo viajecito!–. Sin embargo, el término suele emplearse erróneamente y adquirir un significado siniestro:
“[…] y yo sorprendido ante tanta carabela y esqueleto, pregunté: qué muertos.” Cita textual.
“Pero esta gente, el día de los difuntos, se pasan el día en el cementerio, comen allá, ponen altares a los difuntos, y se crea una enorme parafernalia alrededor de las carabelas, los cementerios, y los muertos.” Cita textual.
“En Honduras se encontró en 1927 una carabela maya hecha de cristal de cuarzo, totalmente transparente.” Cita textual.
“Cinturón negro con tachones y una carabela sobre una cruz en la hebilla.” Cita textual.
Se trata de un intercambio de palabras parónimas: carabela por calavera.

Los vocablos parónimos son aquellos que se diferencian muy poco en su estructura y pronunciación, pero se escriben diferente y no tienen el mismo significado. Algunos ejemplos serían revelar-relevar, perjuicios-prejuicios –de las que hablaré en otra ocasión– y, por supuesto, carabela-calavera.

En los ejemplos anteriores se está haciendo referencia al ‘conjunto de los huesos de la cabeza mientras permanecen unidos, pero despojados de la carne y de la piel’, uno de los muchos significados del sustantivo calavera.



También suele aparecer un híbrido de ambas: caravela, pero en este caso no se trata de ningún tipo de intercambio sino de una invención total (sin hablar de que en el ejemplo siguiente no logré descifrar el contenido del mensaje, porque la susodicha no es la única innovación):
“Caravela en un ataul.” Cita textual.

martes, 13 de octubre de 2009

Redundancia: falso pretexto

Cada cierto tiempo padezco cruentas cruzadas familiares dedicadas a rescatarme de la vorágine de trabajo que supuestamente va a matarme. Padres, tíos, hermanos, tías abuelas… se confabulan para planear aburridas reuniones de las cuales ansío escapar cuanto antes para ir a zambullirme en el acogedor espacio de mi oficina.

Como he adquirido experiencia, la mayoría de las veces no me dejo atrapar y pretexto algún compromiso ineludible, una gripe contagiosa, la quinta rotura del carro en solo un mes…: todo vale a la hora de escapar de mis “graciosos” sobrinitos y “frágiles” abuelitas.

Un pretexto –voz masculina proveniente del latín praetextus– es un “motivo o causa simulada o aparente que se alega para hacer algo o para excusarse de no haberlo ejecutado”. En fin, es una excusa falsa, que como ya he explicado puede tener una buena justificación. :)

Sin embargo, es frecuente encontrar en el uso cotidiano la expresión falso pretexto, frase redundante si el término pretexto tiene ya esa connotación de algo simulado, aparente, fingido, falso.

Algunos ejemplos de cómo no debemos expresarnos:
“La Colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo VIII. EL FALSO PRETEXTO DE LA EXCLUSIÓN”. Cita textual.
“[…] quienes, bajo el falso pretexto que algo había sido detectado en sus maletas, lo detuvieron y trasladaron a una sala”. Cita textual.
“[…] con el falso pretexto de la existencia de armas que suponían un riesgo para la seguridad de Estados Unidos”. Cita textual.
“Otras veces se escudan en el falso pretexto de que las causas de nulidad son interminables y pueden durar años.” Cita textual.
“Mafias en el falso pretexto de negocios anunció que se les debe dinero”. Cita textual.

lunes, 12 de octubre de 2009

Erratas comunes: Sesgar - Segar

En las noticias relacionadas con accidentes o conflictos bélicos son frecuentes, por desgracia, las referencias a víctimas mortales. Las consecuencias de estas calamidades son devastadoras y en reiteradas ocasiones sus daños se extienden al idioma:
“El primer ataque mortal se produjo el 8 de julio de 2006, cuando la explosión de un artefacto sesgó la vida del soldado Jorge Arnaldo”. Cita textual.
“Ocaña sesga la vida al parque Cruz Conde”. Cita textual.
“[…] creo que todos estamos de acuerdo que el sesgar una vida es notablemente malo”. Cita textual.
“¿Acaso no es complejo entender como los sujetos simples de una organización terrorista tienen como objetivo global sesgar la vida de los demás?”. Cita textual.
“¿Será que el Capo sesga la vida de las dos mujeres que más ha amado en su vida?”. Cita textual.
El verbo sesgar, utilizado impropiamente en estos ejemplos, significa “cortar o partir en sesgo (esto es torcido, cortado o situado oblicuamente)”, también “torcer a un lado” y “atravesar algo hacia un lado”: conceptos que no guardan relación alguna con el acto de quitar la vida a una persona.

Segar, por su parte, del latín secare = cortar, es “cortar mieses o hierba con la hoz, la guadaña o cualquier máquina a propósito”, “cortar de cualquier manera, y especialmente lo que sobresale o está más alto” y “cortar, interrumpir algo de forma violenta y brusca”. A partir de esta última acepción es que el verbo segar se emplea como sinónimo de asesinar o matar en la expresión segar vidas.

martes, 6 de octubre de 2009

Erratas comunes: Adolecer

Cuando los titulares o noticias adolecen de incorrecciones y oscuridades en la redacción pierden todo su impacto y pasan a ser trabajosos ejercicios de comprensión. Las consecuencias son múltiples: se pierde el interés por el mensaje en sí, se deforma el contenido, se propaga una vez más el error a través de un texto enfermo, estéril… ¿Es que no nos preocupa la salud del lector?

Un caso muy común del virus de la escritura ineficaz se propaga a diario impunemente:
Cuando La Década Adolece De Genialidad // Es grave cuando la época adolece de genialidad aunque, como todo, ya ha pasado”. Cita textual.
“La Contabilidad adolece de una comunidad académica que consolide la disciplina entre todas las partes // la contabilidad adolece aún de consolidar una verdadera comunidad académica que dé cuenta del debate riguroso sobre los elementos centrales para la consolidación de un ethos disciplinario entre los contables”. Cita textual.
“Difícilmente se puede comprender una estructura paisajística si se adolece de los conocimientos adecuados de su criptosistema implícito”. Cita textual.
Adolecer no es sinónimo de carecer como, a todas luces, se pretende en estos textos. Su significado, contenido en el DRAE, es “tener algún defecto o padecer de algún mal”. Así, sería correcto:

“Cuando la época adolece de mediocridad”, “cuando la época carece de genialidad” o, incluso, “cuando la época adolece de falta de genialidad”.

De esa forma estaríamos indicando, correctamente, que la época padece el mal de la mediocridad o de la falta de genialidad y, si no está claro, pues más simple sería utilizar la expresión “carece de genialidad”, la cual, en resumidas cuentas, expresa el mensaje que en principio se deseaba comunicar.

Para no incurrir en estos errores es aconsejable no emplear el verbo adolecer cuando se quiere destacar la carencia de algo, y recurrir a él sólo para indicar el padecimiento de un mal o defecto. En su uso no podemos olvidar que el complemento que denota el defecto o mal siempre va precedido por la preposición de.

No adolezcamos de incoherencias en la escritura.

lunes, 5 de octubre de 2009

Erratas comunes: Evacuar

Evacuamos los líquidos y excrementos del cuerpo, evacua la tropa que se retira de una plaza ocupada, es evacuada la población ante la posibilidad de ser afectada por un desastre natural… Aparentemente es un concepto bastante sencillo; sin embargo, en el uso, aparecen sutiles errores que pasan desapercibidos la mayoría de las veces:
“Empleados están graves y fueron evacuados a Piura y Lima. […] logrando controlar el siniestro a los pocos minutos y evacuando a los heridos hasta la Clínica Tresa de esta localidad […] Fermín Aguilar Montejos de 59 años, quien presentaba graves quemaduras en diferentes partes del cuerpo por lo que fue evacuado a Lima al igual que José Mogollón.” Cita textual.
“Los 12 heridos fueron evacuados al Hospital de Chancay […]” Cita textual.
Heridos son evacuados y atendidos en Huamanga.// Los tres ciudadanos que resultaron heridos [...] fueron evacuados al nosocomio de Huamanga […] Rubén Simbron Ruiz (22), Alfonso Romero Huamán (31) y José Quispe Martínez (30) fueron evacuados de urgencia [...] pues resultaron con severas lesiones […]” Cita textual.
Nótese que la definición exacta es “desalojar a los habitantes de un lugar para evitarles algún daño”. Se trata, específicamente, de trasladar a los moradores de un edificio antes de que ocurra un derrumbe, de conducir a los habitantes de una zona en peligro de inundación hacia terreno seguro antes del desastre… No significa, como se usa con frecuencia, el simple traslado hacia otro lugar y no debe emplearse cuando ya las personas han sufrido el daño, ya sean heridos o cadáveres, pues se supone que la evacuación es un acto preventivo.

Es importante saber que el verbo evacuar tiene dos acentuaciones. En el uso culto se acentúa preferentemente como averiguar: averigua = evacua; pero es bastante extendida y correcta su acentuación como actuar: actúa = evacúa.

jueves, 1 de octubre de 2009

Erratas comunes: Prever

Es bastante común el uso de la siguiente construcción:
“Debido a la imposibilidad de prever con antelación las circunstancias de los despliegues y de los respectivos gastos […]”. Cita original.
“Saber prever con antelación problemas potenciales que afecten al trabajo para evitar consecuencias negativas”. Cita original.
“Es necesario prever con antelación todos y cada uno de los costes así como los diferentes presupuestos que asignaremos a cada departamento”. Cita original.
Prever con antelación las posibles fechas […]”. Cita original.
“[…]  y podrán prever con antelación situaciones de crisis para lograr afrontarlas mejor focalizando sus esfuerzos en aquellos aspectos que más atención requieren”. Cita original.
La fórmula prever con antelación es errónea, ya que se trata de un pleonasmo, o lo que es lo mismo, una redundancia. El verbo prever significa “ver con antelación”, “disponer o preparar medios contra futuras contingencias”. Obviamente resulta innecesario añadir que dicha acción se ha hecho anticipadamente, connotación que ya es parte del término mismo.

Sí es correcto emplear esta fórmula cuando queremos destacar la magnitud o dimensión de la acción, siempre que se acompañe de un adjetivo (“mucho, poco, suficiente, bastante”).

Sería correcto entonces:
“Debido a la imposibilidad de prever con suficiente antelación las circunstancias de los despliegues y de los respectivos gastos […]”
“Es necesario prever con mucha antelación todos y cada uno de los costes [...]”.
He encontrado otro uso incorrecto y más garrafal aún:
“Ubisoft prevee más retrasos en los juegos”. Cita original.
“Microsoft prevee vender 177 millones de licencias de Windows 7 antes de que finalice el año”. Cita original.
“Se prevee que Apple haya vendido cerca de 80 millones de iPhones para 2012”. Cita original.
El verbo prever –irregular– se conjuga como ver (preveo-prevés-prevé). Según el Diccionario panhispánico de dudas el error proviene de un cruce con el término proveer (“suministrar”), cuyo modelo de conjugación es leer. Así que cuando leamos preveer/prevee estamos en presencia de un error.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Erratas comunes: ¿Estreñido o resfriado?

Llevé hace unos días a mi tía al hospital y estuvo a punto de ser intervenida quirúrgicamente a causa de una confusión:

-Doctor, venimos porque ella lleva varios días constipada y ahora, además, ha tenido fiebre.
-¿Cuántos días de constipación?
-Bueno…, aproximadamente una semana.

Acto seguido la mandó a acostarse en la camilla y, para mi sorpresa, en vez de auscultarla comenzó a palparle el vientre.

-¡Pero, doctor, qué hace?  

¿Qué provocó este malentendido?: El ruido en la comunicación proveniente del uso de una jerga médica cada vez más afectada por los anglicismos.

El término constipado pertenece a un grupo de anglicismos muy perjudiciales, porque tal parece que son puro español cuando, en realidad, están deformando o cambiando significados ya existentes.

Constipado es un anglicismo de repetición. Significa que, por ser homólogo del término en inglés (constipation), se le da el mismo uso y con igual frecuencia. Pero si bien uno de los significados de constipation se refiere a “la afección de los intestinos que provoca dificultad al defecar” (“condition in which evacuation of the bowels is difficult and does not occur regularly”), es decir, estreñimiento -que, por cierto, era lo que dicho doctor creía que mi tía padecía-, en español solemos estar constipados cuando padecemos un catarro o refriado.

La constipación de vientre, así, en esos términos, es la que comparte el sentido del vocablo anglosajón, pero no es de uso frecuente entre los hispanohablantes.

Las tecnologías, Internet, la bibliografía especializada extranjera han ido introduciendo vocablos en nuestro idioma para nombrar las nuevas realidades y muchos de ellos ya han sido aceptados por la Academia. Pero –siempre hay un pero–, también hemos asumido significados y palabra que ya existen en nuestra lengua según el uso foráneo, como en este caso.

No desapruebo la evolución del lenguaje, porque sería una ignorancia mayúscula, pero sí creo, profundamente, que nuestro idioma debe crecer desde él mismo.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Erratas comunes: Alazán


Recuerdo haber leído en mi adolescencia numerosas historias de caballeros. Solían cabalgar en lomos de briosos alazanes durante sus contiendas. Lamentablemente, hay un poco de confusión con respecto a este vocablo:
“Desde entonces, el ogro de Barcinona va purgando sus culpas montado en un negro alazán”. Cita original.
“Sobre un bellísimo alazán blanco de soberbio cuerpo, fina estampa, y delgadas, no obstante musculosas patas […]”. Cita original.
“Juro, que me había hecho hincha de un alazán blanco con pintitas negras”. Cita original.
“Los príncipes azules de los cuentos de hadas visten por cierto de azul y cabalgan en un alazán blanco”. Cita original.
“Estaba en un balcón cuando don Simón, montado sobre un alazán blanco, pasó debajo de él”. Cita original.
Contrario a lo que, obviamente, piensan algunos, el vocablo alazán no es sinónimo de “caballo, corcel, potro, rocín, jamelgo” sino un color “más o menos rojo, o muy parecido al de la canela”. Este tono varía y puede ser “alazán pálido o lavado, claro, dorado o anaranjado, vinoso, tostado, etc”. También, como adjetivo: “dicho especialmente de un caballo o de una yegua: que tiene el pelo alazán”.

Por tanto, aunque los colores pueden combinarse en un caballo, no digo que no –puede haber un corcel de capa (pelaje) blanco-overo-alazán o negro-castaño-alazán, lo cual significa que cada uno posee estos tres colores–, este término sólo puede usarse para denotar a un rocín con este color de pelaje: no existe ninguna posibilidad de que nuestro príncipe azul aparezca montado sobre un blanco alazán.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Erratas comunes: Infligir - Infringir

Es habitual –por desgracia– leer lo siguiente:
“[…] está en vísperas de infringir una de las más importantes derrotas al belicoso George W. Bush, desde las trincheras del buen cine”. Cita original.
“Corea del Sur infringe a Cuba en la final su derrota más dolorosa”. Cita original.
“[…] los soldados españoles habían logrado infringir la primera derrota al ejército de Napoleón”. Cita original.
“La resistencia popular consigue infringir esas dos derrotas e imponer una estrategia de desgaste, de guerra prolongada”. Cita original.
Lo común –aunque inapropiado socialmente– es infringir las leyes, normas, preceptos, reglamentos o, lo que es lo mismo, transgredirlas, quebrantarlas, violarlas, contravenirlas… Es posible que infringir las reglas del juego nos permita vencer a nuestros contrincantes, no lo niego, pero entonces estaríamos infligiéndole una derrota, es decir, “causándole un daño o perjuicio”. Pero también podríamos salir trasquilados por contravenir las normas y entonces se nos infligiría un castigo.

Ah, importante, en ocasiones también podemos ver frases como estas:
“[…] pero se encontró con la mano de Asik para taponarle e inflingir a España la 2ª derrota del torneo”. Cita original.
“La mayor victoria que se puede inflingir a un enemigo que te ha vencido en el campo de batalla, es la de obligarle a imponer sus ideas por medio de la fuerza”. Cita original.
“[…] normalmente requieren inflingir un daño adicional en la articulación enferma”. Cita original.
Este vocablo –inflingir– es una especie de término mixto que conjuga a los dos verbos anteriores y no existe en español.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Erratas comunes: Queramos

Enciclopedias, diarios, webs publicitarias, blogs están a diario bombardeándonos información. Son los agentes de la comunicación. Si se equivocan al emplear palabras que pueden rectificarse rápidamente en el diccionario, ¿cómo voy a confiar en la veracidad de la información que proporcionan?

Claridad y corrección son las respuestas.

Un error garrafal y, lamentablemente, demasiado común es el uso de la voz querramos:
"Querramos a nuestra patria".Cita original.
"Daniel Craig: podemos hacer lo que querramos". Cita original.
"Podemos fotografíar lo que querramos". Cita original.
"Todo depende de cómo querramos verlo siempre".Cita original.
Lo correcto es conjugar el verbo querer de la siguiente forma: queramos. De esta forma no agredimos al idioma ni a nuestros lectores.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Erratas comunes: Encallar

A medida que avanzo en mi búsqueda aparecen parajes inexplorados, y en algunos hasta encayan barcos:
"Visita a un barco inglés aliado el cual encayó en el Golfo de Cuare cuando huía de la persecusión de un submarino Nazi durante la II Guerra Mundial." Cita original.
"Encaya cachalote macho de 15 metros en la Costa Grande de Guerrero". Cita original.
"Una sirena q encayó en la barra de un bar". Cita original.
"Encaya frente a la playa de Sanlúcar un buque cargado de sosa cáustica". Cita original.
Aunque es probable que cientos de barcos –o ballenas– hayan encallado en las cercanías de algún que otro cayo, nada más une a estas dos voces.

Si escuchamos o leemos acerca de una embarcación que, producto del mal tiempo, ha quedado varada en la arena o la piedra, decir que encalló es lo correcto.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Usos de G y J

Hace ya bastante tiempo, en un programa de televisión, fueron encuestados varios transeúntes acerca del significado de ósculo, heterosexual y árbol genealógico. Muchas de las respuestas engrosaron la lista de chistes del cubano por aquel entonces. Me viene aquel evento a la memoria porque en estos días se emitió un reportaje similar, más enfocado a la ortografía, con resultados que hacen reflexionar. Que alguien proclamara tener buena ortografía y al mismo tiempo asegurara que gaveta se escribe con j me parece una herejía.

Aunque en el caso anterior se trata de un gazapo mayúsculo, sí es cierto que las letras g y j pueden confundirse. La g tiene dos sonidos, uno suave como en “dignidad” o “gaveta” y otro que equivale al sonido de la j, como en “tragedia”. Lo usual es que en el primer caso no exista ninguna dificultad, la confusión tiene lugar cuando las dos letras representan el mismo sonido. Para no confundirnos existen un par de reglas básicas y, cuando estas no son aplicables, la práctica es de gran ayuda.

Hoy les presento una de las reglas más violadas y una palabra para recordar.

Primera regla: el grupo gen
"Cachorros labradores perfectos para exijentes". Cita original.
"Busco una chica sencilla no soy exijente [...]". Cita original.
"Busco ajencia publicitaria infantil en Gran Canarias para hacer [...]". Cita original.
Se escribe g en el grupo gen, en cualquier posición que se encuentre, como en: exigente, agencia, gente, indígenas, vigente, margen, origen…

Esta regla tiene pocas excepciones: comején, berenjena, ajeno, ajenjo, avejentar, jengibre. Tampoco se usa g en las formas verbales conjugadas en tercera persona del plural (ellos) a partir de infinitivos que llevan j: alojar-alojen, bajar-bajen, crujir-crujen, enojar-enojen, rebajar-rebajen, tejer-tejen.

Segunda regla: forajido, una palabra sin reglas
"El regreso del foragido". Cita original.

"Todo sobre el foragido". Cita original.

"[...] Y entre miradas de gente que me ve caminar, como cuán foragido viola la intimidad, cada vez me voy sintiendo un extraño, en mi propio sendero". Cita original.
Hay voces que no se ajustan a ninguna norma. ¿Qué hacer entonces? Leerlas, practicarlas, aprenderlas y en caso de dudas no escribir lo que nos “parece” apropiado sino, primero, consultar el diccionario.

La primera palabra a recordar es forajido. Nunca más usemos la g en lugar de la j.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Erratas comunes: ¿Devastar o desvastar?

Cada día la web se vuelve una voz más autorizada. La rapidez con que accedemos a los recursos que brinda es su carta de triunfo. A través de ella fluyen noticias, trabajos de clase, entretenimiento, negocios y llegan a nosotros. ¿Qué sucede si no editan el contenido? Se propaga el error:
"[…] cuando Ezequías vio la desvastación de Judea intentó pactar paz en Laquis” […] “Por intermedio de Isaías supo que posteriormente vendría una gran desvastación desde Babilonia […]". Cita original.
"La diputada Perié recorrió montes desvastados en la aldea de Yyryapú, de Puerto Iguazú". Cita original.
"Biografías de Los Grandes - Noticias:El actor Michael Douglas se encuentra desvastados por el arresto de su hijo Cameron de 30 años podria pasar en...". Cita original.
"Remodelación o desvastación". Cita original.
Me asalta la compulsión de poner más y más ejemplos de estas increíbles muestras de mala escritura, pero ya son suficientes. No puedo, sin embargo, dejar de mencionar que, además de estar desvastado Michael Douglas parece no ser una sola persona, sino varias, por el plural que lo acompaña.

Lo digo rotundamente: el término desvastar no existe en español.

Los especialistas consideran que es un híbrido creado por ignorantes a partir de los verbos devastar ("destruir territorio, arrasando sus edificios y asolando sus campos" y "destruir, deshacer, arruinar o asolar una cosa material") y desbastar ("quitar las partes bastas a una cosa q se haya de labrar" y "quitar lo basto, encogido o grosero, que por falta de educación tienen algunas personas").

Así que intentemos "desbastar" nuestra ignorancia y no "devastemos" el idioma.

martes, 8 de septiembre de 2009

Voces de animales


Muchas voces de animales nos son familiares: el perro ladra, el gato maúlla, el caballo relincha

Sin embargo, en ocasiones nos limitamos a escribir: “se escuchaba el sonido de los cuervos…”. Para los interesados en el mundo animal, algunas voces no tan conocidas y que pueden ser muy útiles:

El cuervo crascita o crocita, de crascitar o crocitar.
La golondrina trisa, de trisar.
La serpiente silba, de silbar.
El jabalí rebudia, de rebudiar.
El carnero bala, de balar.
El elefante barrita, de barritar.
La cigüeña crotora, de crotorar.
El perro, al lamentarse, gañe, de gañir.
La cotorra garre, de garrir.
El grajo grazna, de graznar.
El pato parpa, de parpar.
La pantera himpla, de himplar.

La foto que acompaña este post es una pintura original en acrílico de Michael Pape titulada "Raven Study", año 2006. 

domingo, 6 de septiembre de 2009

Erratas comunes: Apreciable


A diario me percato de cuán afortunados son algunos:
“Su padre heredó una apreciable fortuna y diversas fincas en las que Tarsila pasó su infancia y adolescencia.”- Cita original.
“Con sus aciertos, con los resultados altamente positivos que obtuvo en todo lo que emprendió y encabezó, podría yo no sólo agotar este espacio periodístico, sino incluso las páginas de un libro de apreciable grosor.” - Cita original.
“El gobernador Pedro Arias Dávila (Pedrarias) también se incorporó aportando una apreciable cantidad de dinero.”- Cita original.
Según el Diccionario de la Academia, el adjetivo apreciable tiene dos definiciones: "capaz de ser apreciado" y "digno de aprecio o estima". No niego que una considerable cantidad de dinero merezca nuestra estima, pero eso no justifica el uso erróneo de esta voz.

En los ejemplos expuestos se emplea como sinónimo de "cuantioso", "considerable", "significativo" e, incluso, de "grande", y no es tal. La confusión surge, probablemente, a partir de la palabra appreciable proveniente del inglés y que sí significa substantialconsiderablesignificant

Por tanto, no propaguemos el error, digamos: “considerable fortuna”, “significativa cantidad”, “gran grosor”, y dejemos el calificativo apreciable para aquellos que, con sus buenas acciones, lo merezcan.

lunes, 31 de agosto de 2009

Tres problemas en la comunicación

El objetivo de todo texto es comunicar: exponer una idea y convencer al lector de su autenticidad. En otros términos, que las palabras se vendan a sí mismas.

Para que la comunicación sea efectiva el receptor-lector debe comprender el mensaje, hacerlo suyo. Los factores sociales, históricos, culturales, psicológicos y lingüísticos pertenecientes a la realidad concreta del emisor y el receptor sirven de filtro a la información. En resumen, el contexto y la experiencia vital del individuo le permiten interpretar la idea. Si hay ruido en el ambiente falla la comunicación.

¿A qué llamamos ruido?
A las perturbaciones experimentadas por el mensaje durante el proceso:
  • la distorsión del sonido en una conversación telefónica o radial
  • una interferencia en la señal de televisión
  • la distracción del oyente
  • la sordera del receptor
  • la actitud de los interlocutores, etc.
En el texto escrito el ruido se presenta en forma de errores ortográficos, empleo indiscriminado de adjetivos, adverbios y oraciones explicativas, y uso de una sintaxis enrevesada.

¿Qué efecto causan estas interferencias?

1- Restan autoridad al texto: no se puede confiar en los argumentos de un autor que ha usado “relevar” por “revelar” o “haber” por “a ver” (ejemplos que lamentablemente son harto comunes).

2- Restan claridad al texto: las redundancias, los rodeos, los detalles innecesarios, las palabras rebuscadas van formando una hojarasca tras la cual es difícil percibir el mensaje.

Recientemente revisaba un original y anoté algunos fragmentos, sirven de ejemplo de todo aquello que no se debe hacer (propongo releer cada uno, interpretarlos y luego comparar sus conclusiones con los textos que resultaron del trabajo con el autor, al darle énfasis a las ideas más relevantes y eliminar la “hojarasca”):
Original: "El impacto dejado por la actividad constructiva que se manifiesta entre 1856 y 1868 resulta una expresión concreta del pensamiento ilustrado en la imagen de la ciudad".
Modificado: El pensamiento ilustrado se revela, en el período 1956-1968, a través de la nueva imagen arquitectónica de la ciudad.
Original: "[…] un grupo seguidor de las nuevas corrientes vanguardistas que había fomentado sus raíces en centros poblacionales directamente vinculados al mar a través de los puertos".
Modificado: […] un movimiento vanguardista enraizado en ciudades portuarias.
Original: “[…] dado el contrapunteo de sus opiniones y la aguda mirada y apreciación de ambos de los rasgos distintivos del movimiento, se destacan los juicios de A. y B.”
Modificado: se distinguen A. y B. quienes, desde posiciones divergentes, hacen un agudo análisis de las peculiaridades del movimiento […].
3- Restan interés al texto: si la idea no aparece a simple vista, si se necesita un decodificador y un diccionario –que incluya además voces arcaicas y en desuso (como nos pasó a algunos editores hace un tiempo con el docto artículo de un colaborador) –, si… creo que en este punto ya el lector, aburrido, habrá cambiado de post.

Algunos consejos para evitar el ruido
  • Usa un lenguaje claro, sencillo, asequible a todos.
  • Elige la palabra justa según lo que deseas decir: usar el diccionario puede ser beneficioso.
  • Evita la repetición de palabras, frases o conceptos que hacen del texto un panfleto monótono.
  • Prescinde de las oraciones muy largas, llenas de explicaciones innecesarias: las frases cortas son ágiles.
  • Obvia todo tipo de rodeo, ve al grano desde el principio.
  • Corrige, corrige, corrige: la redacción nunca está terminada.