Los verbos acechar y asechar tienen un mismo origen, el término latino assectari = “perseguir, ir al alcance de alguien”, y su uso fue indistinto por mucho tiempo. Con la evolución semántica del idioma cada uno tomó su propio camino: acechar terminó por significar “observar, aguardar cautelosamente con algún propósito” y asechar se limitó a “poner o armar asechanzas”, es decir “engaños o artificios para hacer daño a alguien”. Como el límite entre ambas voces es muy estrecho, es común el mal empleo de ambas:
Asechar es un verbo de uso restringido, escaso y se inclina fundamentalmente por el empleo del sustantivo asechanza. Acechar, por su parte, ha dado preferencia al sustantivo acecho, y es el que se emplea como locución adverbial en las formas: al, de, en acecho: “observando y mirando a escondidas y con cuidado”, que es como debía haberse empleado en los ejemplos anteriores.
Por otra parte, y una aclaración necesaria: la acción de acechar puede ser ejecutada tanto por los humanos como por los animales, mientras que el asechar, por la intención dañina y planificada que implica, es obviamente un acto único y esencialmente humano.
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