martes, 13 de octubre de 2009

Redundancia: falso pretexto

Cada cierto tiempo padezco cruentas cruzadas familiares dedicadas a rescatarme de la vorágine de trabajo que supuestamente va a matarme. Padres, tíos, hermanos, tías abuelas… se confabulan para planear aburridas reuniones de las cuales ansío escapar cuanto antes para ir a zambullirme en el acogedor espacio de mi oficina.

Como he adquirido experiencia, la mayoría de las veces no me dejo atrapar y pretexto algún compromiso ineludible, una gripe contagiosa, la quinta rotura del carro en solo un mes…: todo vale a la hora de escapar de mis “graciosos” sobrinitos y “frágiles” abuelitas.

Un pretexto –voz masculina proveniente del latín praetextus– es un “motivo o causa simulada o aparente que se alega para hacer algo o para excusarse de no haberlo ejecutado”. En fin, es una excusa falsa, que como ya he explicado puede tener una buena justificación. :)

Sin embargo, es frecuente encontrar en el uso cotidiano la expresión falso pretexto, frase redundante si el término pretexto tiene ya esa connotación de algo simulado, aparente, fingido, falso.

Algunos ejemplos de cómo no debemos expresarnos:
“La Colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo VIII. EL FALSO PRETEXTO DE LA EXCLUSIÓN”. Cita textual.
“[…] quienes, bajo el falso pretexto que algo había sido detectado en sus maletas, lo detuvieron y trasladaron a una sala”. Cita textual.
“[…] con el falso pretexto de la existencia de armas que suponían un riesgo para la seguridad de Estados Unidos”. Cita textual.
“Otras veces se escudan en el falso pretexto de que las causas de nulidad son interminables y pueden durar años.” Cita textual.
“Mafias en el falso pretexto de negocios anunció que se les debe dinero”. Cita textual.

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